Jornada hasta el despegue de la señorita ejecutiva londinense en su lightning business trip.
20.5.11, 6.15am, GMT +1
Salgo de casa a las 2.40am y voy andando a Vauxhall. Está bien esto de ir a Vauxhall, tardo 15 minutos y es relativamente seguro sea la hora que sea, siempre te cruzas con alguien, parece mentira que me haya costado un año descubrirlo, aparte de que tengo muchas más conexiones, como por ejemplo en este caso 3 posibles buses nocturnos a Victoria. Perfectamente podía haber pasado por alguien que volvía de fiesta, a esto ayudan el llevar sólo mi bolso como equipaje -me encanta hacer viajes de un solo día- así como el maquillaje corrido y los ojos rojos por el frío y la falta de sueño. Me habría venido genial el colirio que llevo siempre en mi neceser, pero esta vez me lo he dejado en casa para no tener líos con los del control en el aeropuerto. El bus pasa enseguida y en menos de 5 minutos estoy en Victoria, me va a tocar esperar hasta que salga el bus (nota mental: a las 3 de la mañana I just need to allow 30min to get to Victoria). Tras esperar en la parada del bus a Stansted varios minutos, de casualidad me doy cuenta de que el bus en el que he reservado mi plaza sale de otra parada porque tiene parada intermedia en Liverpool St, ¡no me sorprende que hasta los locales se pierdan en Londres! Trato de dormir durante el trayecto a Stansted, que va lleno de españoles, mientras me voy alejando del barullo de la City, al menos por unas horas. 20 minutos de cola en Security y pienso en los aeropuertos como sitios atemporales. 5am y la gente espabilada como si fueran las 4 de la tarde. Qué locura, ¿no? Después pillo furtivamente un euro que se le ha caído a un guiri y no se ha percatado (Ana-Punk strikes again) y vistazo de rigor en el espejo de los aseos nada más pasar el control. Compruebo que ya han anunciado mi puerta de embarque (18ºC en Alicante, dice el Capitán, not bad!) a falta de 45min para el despegue, así que voy corriendo al Pret a pillarme un Soya Chocolate (guiño del cajero) y una botella de agua, tras asegurarme de que en Starbucks es 15p más caro (sigo con mi boicot a Starbucks). Tratando de no quemarme la lengua al sorber por la take-away lid, vuelo hacia el shuttle que me va a llevar a la puerta de embarque. Abrigo y bufanda en un brazo, vaso en la mano y agua al bolso. Pillo un asiento mientras me bebo mi chocolate, piernas cruzadas en posición glamurosa y miro con recelo a un gupo que van a Benidorm de stag party (jodido cliché, reafirma mi ninguna intención de casarme), que supongo irán en el avión conmigo. Ya van animados a las 5.30am, espero que no me den el vuelo. En la cola para embarcar escarbo en mi bolso hasta dar con la funda con mi boarding pass y mi DNI, vaso aún en mano. Al cruzar la puerta escondo por si acaso el vaso tras la funda. La azafata me guiña un ojo. Un poco más de cola (believe it or not, siempre respiro aliviada en el momento en el que me abrocho el cinturón y anuncian el inminente despegue, al menos una hora de paz tras todo el ajetreo de colas y meter y sacar cosas del bolso) durante la cual me termino mi chocolate, y subo al avión por la puerta de atrás, con la esperanza de encontrar más fácilmente un grupo de asientos vacíos. Lo consigo y me acomodo en el asiento de la ventanilla, en el lado del avión por el que intuyo que no me pegará el sol en la cara durante el trayecto. Preparo todas las cosas que necesitaré a lo largo del vuelo, apago los móviles y aprovecho para escribir mientras espero a que despeguemos, ya que de cualquier modo no podré dormir ni escuchar música hasta entonces. Acabamos de despegar y enseguida veremos la ciudad inacabable extenderse muchos metros por debajo de nosotros. Bye bye London, see you in a few hours. Ahora habla un auxiliar de vuelo en inglés con un claro acento español. En dos horas y media llego a Alicante y durante 12h, aunque apenas voy a tener tiempo de parar (a pesar de que con las menos de 4h de sueño que llevo en el cuerpo me iré cayendo por los sofás), todo va a llevar un ritmo más tranquilo. Se acaba de apagar la señal luminosa del cinturón, así que voy a encender mi móvil inglés en modo offline para escuchar música y tratar de dormir un poco, con mi bufanda tailandesa a modo de manta. Ya le echaré un vistazo a mi libro de fotografía a lo largo del día, y quizás en el avión de vuelta, si no caigo frita… Ay Anita, cosmopolita, ¿de verdad te ves capaz de abandonar la civilización durante 9 meses?

He leído tu comentario en un blog de superdotación. Me temo que comparto algunas dificultades como las tuyas para encajar ahí fuera. Me preguntaba qué tal te van las cosas en ese sentido.
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