martes, 28 de julio de 2009

acerca de la "repelencia" de las parejas

Haciendo una serie de comentarios en facebook (lo que tienen las nuevas tecnologías, con qué rapidez nos hemos adaptado y con qué normalidad hablamos ahora de tener conversaciones vía comentarios de facebook, ¿os habéis parado a pensarlo alguna vez?) sobre las ventajas y desventajas de ser soltero o estar en pareja, se me ha ocurrido contar un par de historietas mías que no sé si vienen demasiado al caso, pero igual a alguno le dan un poco que pensar, igual que me dejó pensando a mí la segunda de mis historias…

A lo largo mis 25 años de vida, sólo he tenido un novio oficial (entendiendo por novio oficial el haber dejado claro explícitamente que no podíamos sernos infieles, en diferencia a las demás relaciones que he tenido, en las que nunca me he sentido coartada al respecto, lo cual tampoco ha querido decir que me haya estado acostando con dos tíos a la vez, a pesar de que en más de una ocasión el chico con el que estaba en ese momento estaba empeñado en que debía tener otro novio, por mi incapacidad de ser cariñosa con él, pero soy así, qué le voy a hacer: si no estoy enamorada soy absolutamente incapaz de ser dulce y empalagosa con mi pareja, y al que no le guste que se vaya con otra que sí sea así, que de hecho es lo que hizo mi ex), el cual no llegó a durarme ni siete meses, como ya he comentado en alguna otra entrada. Durante el tiempo que pasamos juntos, no tuvimos excesiva interacción social con otras parejas, ya que nuestra relación era bastante “inestable” y él ponía eso como excusa para no comprometerse más de la cuenta. Explicaré esto por encima: yo pasé un año en Barcelona (para los que no lo sepan) y, como dije en otra entrada, a él lo conocí justo antes de irme a vivir allí. Con lo cual, los primeros meses que pasé en Barcelona, que fueron los de mi relación con él, estaba estudiando y trabajando y en el poco tiempo libre que me quedaba no me preocupé en hacer vida social más allá de él. Pero la situación era un poco frustrante, porque él, aunque era de un pueblo de Tarragona, había estudiado en Barcelona durante seis años y no quería presentarme a los amigos que tenía allí. Sólo una vez, al poco de empezar a salir, quedamos con una amiga de su pueblo pero afincada en Barcelona con su novio italiano. Era la primera vez que me veía en esa situación de “dobles parejas”, y ahora que la traigo a mi memoria, fue bastante agradable. De hecho, recuerdo haber congeniado más con la chica y con su amigo, que lo que lo hacía con mi ex. También recuerdo que la resaca del día siguiente fue de las que hicieron historia… Muchos meses después, cuatro días antes de que me dejara por la otra chica más dulce, acabé convenciendo a mi ex para que me llevara a un cumpleaños de unos amigos suyos en Barcelona, y casi mejor si me hubiera quedado en casa, porque eran un grupo de catalanes de esos cerrados que dan mala fama a su nombre y que me hicieron el vacío de una forma que se me quitaron las ganas de seguir integrándome.

Bueno, y como decía, desde entonces no he vuelto a comprometerme con nadie. He leído mucho, he pensado mucho, incluso fui a un psicólogo después de lo de mi ex (porque el tío no se conformó con ponerme los cuernos y dejarme de la noche a la mañana, sino que además después de que se le pasara el sentimiento de culpa, se le subieron los humos y las siguientes veces que hablamos se dedicaba a tratar de llevar mi autoestima al subsuelo, diciéndome lindezas del tipo “como no cambies nunca vas a encontrar a nadie que te quiera, no te creas que lo tienes todo arreglado siendo guapa y culta”) y he llegado a la conclusión de que valoro mucho mi independencia como para entregársela a alguien que no merece la pena. Y tengo que decir que, una vez había superado más o menos lo de este capullito (tras un par de sesiones con el psicólogo y un fin de semana intensivo con un buen y sabio amigo que se encargó de repetirme hasta la saciedad de que me dejara de autocompadecerme por esa historia, y que siendo como soy, en cuanto dejara de mirarme el ombligo me daría cuenta de que había varios tíos haciendo cola para estar conmigo, y efectivamente así fue, que se me juntaron dos historias sin darme cuenta, las cuales para variar acabaron mal, pero bueno, al menos me sirvieron para relativizar lo de mi ex y dejar de rayarme por él y por lo que hiciera con su nueva novia, con la cual por cierto se va a casar), realmente empecé a valorar y a disfrutar mucho más de los ratos que pasaba sola, y aproveché mucho el tiempo que tenía libre (que sin mi ex, me di cuenta de que era mucho), y me lo dedicaba todo a mí misma, yendo al gimnasio, yendo a sesiones de relajación, yendo al psicólogo, al teatro, comprándome algún caprichito, dando mis clases particulares, dando largos paseos por Barcelona, haciendo turismo con la gente que venía a visitarme… Y al final del día darme una ducha, hacerme una infusión y leer un buen libro mientras quemaba una barrita de incienso. Y todo ello sin tener que dar explicaciones a nadie de por qué había estado todo el día sin entrar al messenger. Recuerdo con mucho cariño aquellos meses que pasé tanto tiempo sola, supongo que en parte porque fui capaz de superar (es en momentos así donde te das cuenta de lo importante que es tener amigos y familia en el lugar donde vives, de hecho no os hacéis una idea de lo que valoraba este año tener un día de bajón en Valencia y poder pillarme un tren y plantarme en dos horas en casa con mi perrete y mis papis) aquella historia con mi ex con la cual llegué a tocar fondo…

De hecho, después de todas las vueltas que le he dado a la cabeza a lo largo de estos meses, ya ni siquiera soy capaz de entender los celos y las posesiones en las relaciones. Esto es, cuando dos personas maduras y con sentido común están juntas porque se quieren, no creo necesario andarse con prohibiciones explícitas. Cada uno es libre de hacer lo que quiera, dentro del respeto al otro. Tengo comprobado que si quiero a una persona, el acostarme con otra no me cambia para nada lo que siento hacia la primera persona.

Por otro lado, estaba comentando también en el facebook que cuando uno está soltero, sin quererlo se acaba distanciando de sus queridos amigos repelentemente emparejados. Recuerdo al poco de volver de Barcelona, el año pasado, quedé con unos amigos que eran pareja desde hacía poco tiempo y ya se habían ido a vivir juntos. El verano antes de irme yo a Barcelona, cuando todavía no salían juntos oficialmente, quedábamos estos dos, otro chico y yo, y nos pegábamos tales fiestas que cuando le decía a mi ex que había quedado con ellos, se echaba a temblar (tengo que decir que nunca hubo sexo en esas fiestas, tan sólo mucho alcohol, muchas risas y poca ropa). Pero desde que oficializaron lo suyo estos dos, se volvieron dos auténticos muermos, hasta el punto de que para la chica el pronombre personal “yo” había desaparecido de su vocabulario, siendo sustituido por un omnipresente (a la par que cansino) “nosotros”. La primera vez que quedé con ellos, y con otras tres parejas, en esta situación, volví a casa con muchas cosas en la cabeza, con una extraña sensación, mezcla de angustia por estar sola y de quemazón por que se compadecieran de mí por no ser el jarrón de nadie o por no tener un perrito faldero que me siguiera a donde fuera. Después de eso, tengo que decir que sólo hemos vuelto a quedar los cuatro fantásticos una vez, y fue la confirmación de que aquellas fiestas pseudo-orgiásticas habían llegado a su fin: tras no encontrar un solo sitio que mereciera la pena para salir de fiesta, acabamos viendo anuncios de teletienda hasta las 4 de la mañana. Puede parecer que me tomo esto un poco a la ligera, ya que ya hace un año de todo esto. Pero lo cierto es que en su momento me dolió, y mucho, ver que aquella complicidad del verano anterior se había extinguido para siempre. Siempre duele distanciarse de gente a la que has querido mucho y con la que has compartido muy buenos momentos, pero las cosas siguen su curso y llega un momento en que te das cuenta y tienes que aceptar que no puedes hacer nada por cambiarlo.

Pero sobre lo que quería reflexionar un poco es de cómo se ven las reuniones de parejas desde dentro, por la experiencia que tengo. He llegado a la conclusión de que el número perfecto para cualquier reunión social, sea de parejas o no, es cuatro personas: dos personas se saturan enseguida, con tres personas siempre hay alguna que se queda un poco desplazada, y cinco empieza a ser difícil de manejar ya. Pero con cuatro se pueden ir formando parejas alternativamente, y es muy enriquecedor.

En mi última entrada os hablaba de mi último viaje a Roma, el cual incluía dentro de los mejores viajes de mi vida, a pesar de que he acabado en malos términos con dos de las tres personas con las que pasé la mayor parte del tiempo de ese viaje (y con la tercera persona es que nunca he llegado a tener demasiada relación). Bueno, os explico la situación por encima para que os hagáis una idea. Yo viajé desde Valencia con mi compañero de piso; yo iba a ver a un romance ya consumado y explícito que tenía allí y mi compañero de piso iba a ver a un romance no consumado (que se consumaría de sobra durante los días que estuvimos allí) e implícito que tenía allí. Y estos dos romances nuestros eran un chico y una chica italianos, que estudian juntos la carrera (y casualmente arquitectura, igual que mi compañero y yo, qué cosas de la vida) y que son mejores amigos, por así decirlo. Y como algunos de vosotros sabréis, he terminado muy pero que muy peleada con mi compañero de piso, y con el otro chico ya os conté más o menos lo que pasó. Pero el caso es que a lo largo de los días que pasamos en Roma tuvimos un rollito muy guay entre los cuatro, en plan parejitas repelentes totales, a pesar de que “oficialmente” ninguno éramos nada de nadie. Yo nos veía a los cuatro desde fuera, y era consciente del asco que debíamos dar (también es cierto de que una historia recién empezada siempre hace más ilusión y es más repelente que cuando ya llevas mucho tiempo con esa persona y la cosa se empieza a volver monótona, y precisamente esos son los momentos en que juntarse con otra pareja le da un soplo de aire fresco a la relación, aunque eso ya no lo digo por experiencia sino por lógica) pero tan solo decidí disfrutar del momento y dejarme llevar. Yo sabía que las horas que iba a pasar en persona con ese chico estaban contadas y tenía que aprovecharlas al máximo, ya que no sabíamos cuándo íbamos a volver a vernos (que al final ha sido nunca, pero eso yo entonces no lo sabía; de hecho, ni siquiera tiré la moneda a la Fontana di Trevi dando por supuesto que volvería a Roma dadas las buenas expectativas que tenía entonces con este chico…), y después de haber pasado tres largos meses sin vernos. De hecho recuerdo la primera noche al llegar, nos recogieron en el aeropuerto y nos fuimos a tomar un vino (creo que no he bebido tanto vino tinto en mi vida como aquellos días) por una zona de marcha de Roma. Yo iba en el coche con mi italiano y cuando aparcó, nos miramos como dos adolescentes embobados, y comentamos en “itañolo” (porque ni yo hablo italiano ni él hablaba español ni inglés, así que la gente se preguntaba, y yo meses después también lo hago, cómo coño hacíamos para entendernos, y que conste que lo hacíamos) lo raro que era volver a estar juntos en persona después de tanto tiempo, y nos dimos nuestro primer besito de reencuentro. Creo que queda patente por el cariño con el que cuento esta historia, que este chico significaba mucho para mí, y que se torcieran las cosas y mandar al carajo todos los planes e ilusiones que me hice con él, y que también hicimos juntos, que como comentaba en otra entrada llegamos a hablar de hacer un viaje los cuatro fantásticos este verano, me dolió terriblemente, y me sigue doliendo mucho, a pesar de que en tiempo neto la historia fue brevísima. Que, como venía al tema del que hablaba, una cosa que comentábamos entre los cuatro es que molaba mucho el rollo que nos traíamos como dobles parejas, que eso es algo que no se encuentra todos los días. Y que me ha jodido tremendamente ver cómo mi historia con este chico se iba desvaneciando en el vacío, mientras veía cómo mi compañero de piso ha seguido hablando a diario con su italiana. Desde que él dejó de responderme a los mensajes, llegó un momento en que me dije a mí misma que ya bastaba de estar amargada, que ya llevaba más tiempo deprimida por el tema que el que había pasado hablando con él, y durante dos meses no le escribí ya nada más ni supe absolutamente nada de él.

Pero parece ser que a veces las cosas suceden por una razón, y de repente un día, hace pocas semanas, tras dos meses sin manifestarse virtualmente, dejó un comentario en facebook en el muro de un amigo común donde yo había escrito, supongo que a sabiendas de que yo lo leería, y como persona humana que soy (aunque alguno a veces lo dude), pues me rayé bastante, por la estupidez de la situación. Si quiere dejarme algún mensaje, puede decírmelo directamente, y no hace falta que deje sutiles comentarios absurdos. Me parece un poco triste haberlo tomado por una persona madura y que ahora me salga con esto. Después de todo, no debía ser tan maduro como yo pensaba. Por cierto, este chico es de esos de novias que no le duran demasiado, también aquí que cada uno saque sus propias conclusiones, que yo más o menos ya he sacado las mías… Supongo que estas cosas vienen un poco por mezcla de cobardía y orgullo, dos factores que combinados llevan a menudo a muchos hombres a hacer muchas cosas de las que luego se arrepienten, pero precisamente por ese orgullo no suelen hacer nada para remediarlo (siento arremeter directa y generalizadamente contra el género masculino, soy consciente de que muchos no sois así, pero como os digo no es la primera vez que me pasa algo parecido, y tenía que notarse de alguna forma que estoy bastante quemada, ¿no?).

En fin, como iba diciendo, el caso es que tuve una recaída con lo de este chico a raíz de su estúpido comentario feisbukiano, y coincidió con que un par de días después descubrí de casualidad (porque hace mucho ya que tampoco me hablo con él) que mi compañero de piso se iba unos días a Roma. Si sois un poco empáticos, os haréis una idea de la ansiedad que me entró, al pensar en cómo habrían podido revivirse esos momentos que pasamos los cuatro unos meses antes. De repente, el hecho que yo ya creía haber tenido más que asumido, y es que yo ya estaba al margen de toda aquella historia y de aquel grupo de italianos, volvió a golpearme con fuerza en toda la cara. A eso se le sumaron otra serie de factores, que no vienen al caso, que hicieron que mi ansiedad fuera in crescendo a lo largo de esa tarde, que además era la víspera de mi viaje a Barcelona para ver a U2 y para ver a amigos míos del año pasado. No os podéis imaginar la ilusión que me hacía ese viaje, ya que desde que dejé mi piso allí, no había vuelto por la ciudad condal, y tenía muchísimas ganas de volver a pasearme por esos sitios que he ido idealizando a lo largo de todos estos meses, por la razón que expliqué unos párrafos más arriba. ¿Sabéis lo que hice para dejar de rayarme? Lo mandé todo a tomar por saco y me fui a tomar unas birras y fumar unos petas (¿se puede decir esto en un blog público?), llegué a casa emporrada a las 11 y pico, cuando mi tren salía a las 8 al día siguiente y no tenía ni la maleta hecha, ni había quedado en nada concreto con nadie en Barcelona de toda la gente a la que tenía que ver, cuando yo soy una persona a la que le gusta tenerlo todo controlado en este tipo de cosas, y me daba todo igual. Yo pensaba “si puedo quedar con la gente bien, y si no pues me voy a pasear yo sola por Barcelona, que no sería la primera vez”. Obviamente, para los menores de 20 que me lean, el alcohol y las drogas no son la solución a vuestros problemas, pero esto yo me lo tomé como una solución puntual a una situación excepcionalmente estresante. ¿Y qué os puedo decir? Que tirando de móvil, al final mi estancia en Barcelona fue como la seda, que al final hasta se me acumulaban los planes e incluso cambié el billete y me quedé un día más.

Quizás alguno se pregunte qué tenía que ver lo de Barcelona con lo que empecé a comentar acerca de las parejas repelentes. Pues ahora precisamente enlazo con eso. Y es que resulta que allí me alojaba una amiga de la uni de allí, que vivía con su novio en un ático muy mono, con vistas a la Torre Agbar (alias edificio peniforme) y a la Sagrada Familia. Esta chica lleva ya cuatro años con su novio y durante los meses que yo estuve saliendo con mi ex, nos desahogábamos la una con la otra sobre las discusiones que teníamos con nuestos respectivos. Pero después yo me quedé soltera, y no sé si tuvo algo que ver, pero quiero pensar que las conversaciones que tenía con ella una vez pasado yo el mal trago gordo tras dejarme mi ex, en las que le aconsejaba con bastante radicalidad de que si no haces más que discutir en una relación, lo mejor es dejarlo, le influyeron a la hora de dejar a este chico temporalmente. No sé si fue casualidad, pero como os digo, una vez superé lo de mi ex, iba por todo el mundo hablando maravillas de lo bien que se estaba una vez dejabas una relación con la cual no estabas totalmente convencida, y observé cómo por esa época se rompieron varias parejas a mi alrededor.

Bueno, os ponía en antecedentes sobre la situación. El caso es que ese fin de semana que yo pasé en Barcelona en el piso de mi amiga, en el cual disponía de una habitación para mí sola con una cama muy grande, vino también a quedarse al piso un amigo del novio de mi amiga, con el cual acabé “congeniando”, tras una noche un tanto surrealista, de la cual ya no voy a dar detalles porque esto parece ya el Quijote, y por él fue que decidí quedarme un día más. Y pasamos mi última tarde en Barcelona en plan dobles parejas, como si conociera yo a este chico de toda la vida: fuimos a la playa, escalamos cual cabras una calita en Castelldefels, bebimos cava durante una cenita con velas en el piso de mi amiga… Lo que os quería comentar, es una cosa que me vino a la cabeza mientras volvíamos esa tarde a Barcelona en el coche de este chico, yo en el asiento trasero, escuchando sus canciones favoritas que resultaron ser también algunas de las mías… Me recordó a la última tarde de mi viaje a Roma, íbamos en el coche las dos parejas, volviendo a la ciudad tras una excursión muy bucólica a Villa Adriana, y también atardecía… Creo que quedan patentes las similitudes entre ambas situaciones, sin yo haberlo buscado o querido conscientemente; y fue en ese momento, en ese atardecer con mi querida Sierra de Collserola como telón de fondo, cuando me di cuenta de que no es tan complicado tener esos momentos mágicos, que luego recuerdas con tanto cariño. Eso me sirvió para ver con más relatividad mi historia de los romanos, porque yo pensaba que el chico aquel era el hombre de mi vida y pensaba que me iba a costar años encontrar a alguien con quien poder compartir momentos como los que tuvimos en Roma. No he vuelto a saber nada del chico de Barcelona (que era lituano, por cierto, y hablaba cinco idiomas, se nota que me tiran los extranjeros, ¿no?), pero no me parece un gran trauma. Tan sólo pasamos un par de días agradables, sencillos, sin malos rollos ni complicaciones, y lo recuerdo como algo bonito. Un rollo de fin de semana, sin más, pero que ha contribuido a aumentar la imagen idílica que me queda de la Ciudad Condal…

Y es que otra de las conclusiones a las que he llegado tras mis experiencias es que si una historia tiende a complicarse por tonterías, no merece la pena…

4 comentarios:

  1. bufff... muy largo y muy profundo, A ver si mañana tengo un ratito y lo acabo me he quedado por la mitad... Por lo leido tiene muy buena pinta. Muy interesante...

    ResponderEliminar
  2. gracias lorenzo, se agradece siempre el feedback, tanto positivo como negativo :)

    ResponderEliminar
  3. Se fini... xica yo no te conozco de nada, la verdad. Pareces majas. Pero tienes ralladas considerables... jajaja. Yo personalmente el tema de amores... Pues he estado enamorado en 3 ocasiones y dos de ellas fueron relaciones de 3 años... pero esto es muy largo de contar... Y muy aburrido. Por ultimo, lo unico que podria añadir "Las cosas hablandandose se aclaran y se superan mucho mas rapido que si no sabes porque la gente ha actuado de cierta manera".

    Un saludo.

    ResponderEliminar
  4. jeje ya se que me rayo a veces mas de la cuenta, pero es lo que hay cuando se pasa tanto tiempo sola, viajando o delante del ordenador. hay gente que ahoga ese tiempo en cervezas y pasa de rayarse, y a mi me da por esto
    en cuanto a lo que dices de las cosas que hay que hablarlas, estoy totalmente de acuerdo, pero dos personas no hablan si una no quiere. lo que no voy a hacer es ponerle una pistola en la sien a nadie para que me de explicaciones. y luego tambien, por mucho que consigas que hablar con alguien, si no esta dispuesto a ser honesto contigo o incluso consigo mismo, pues tampoco hacemos nada...
    gracias por tus comentarios y por leerme, un saludo

    ResponderEliminar