lunes, 27 de julio de 2009

pagafantas version femenina

Últimamente estoy oyendo mencionar mucho eso de los “pagafantas”. Supongo que la mayoría sabréis de qué va el asunto: a un chico le mola una chica, quedan juntos, el chico le invita a refrescos y la chica pasa de tener tema con el chico. Supongo que más de uno de los que estáis en este grupo habréis sido “pagafantas” en alguna que otra ocasión. Pero, ¿nunca os habéis preguntado si no existe un equivalente de los pagafantas pero para las chicas? Bueno, oficialmente no sé si lo hay, pero yo creo que ha habido unas cuantas veces que me he sentido de forma parecida. Sólo que no ha sido en invitar a refrescos en lo que me he gastado el dinero, sino en viajes para ver a la persona que me gustaba la cual, curiosamente, siendo extranjera o no, vivía a más de 500km de donde yo estaba en ese momento.

Ahora mismo recuerdo tres casos de viajes que he hecho para ver a chicos que me gustaban. En los tres casos la historia ha terminado mal, sin yo querer hablar más con los susodichos, por motivos varios pero siempre por culpa de ellos. Y, oh casualidad, dos de las veces han sido a Roma. Pero, si me preguntarais si me arrepiento de dichos viajes, os diría rotunda, claramente y sin titubeos que no. En general, porque me gusta viajar y es algo que disfruto. Y luego, en cada caso, por diversas razones.

El primero de los viajes a Roma fue hace tres años, fue un desastre y me dejó un muy mal sabor de boca de la Ciudad Eterna, pero me sirvió para darme cuenta de que el tío era un borde, al cual yo no le gustaba y con el cual no tenía nada que hacer. Os cuento esta historia con mayor detalle más abajo.

El segundo de los viajes, cronológicamente, fue hace año y algo a Madrid, un viaje relámpago e improvisado de un día (otra de las cosas por las cuales me suelen decir que soy atrevida, pero bueno, disponía del tiempo y del dinero, y Madrid es una ciudad que conozco bien y en la que tengo amigos, así que tampoco tenía nada que perder), para conocer en persona a un chico que conocía por internet desde hacía un mes (pero habríamos hablado días enteros, en tiempo bruto), y que por teléfono me parecía apasionante, pero al verlo en persona me di cuenta de que me sentía incómoda en su presencia. Además, a los pocos días de habernos visto, el tío empezó a comportarse de forma extraña y a hacerme cada vez menos caso. Con el tiempo me di cuenta de que había muchas cosas de él que no me gustaban, aunque según él yo siempre le gusté mucho. Nos hemos vuelto a ver un par de veces, con un año de diferencia, y esas veces he sido yo la que he pasado de él. Ya pasó tu tren, cariño, fue lo que le dije una de las primeras veces que hablamos después de que se me pasara el enfado gordo con él.

El tercero de los viajes, segundo a Roma, fue hace unos meses y algunos de vosotros más o menos os sabéis la historia. A este viaje no se le puede reprochar nada, en su momento fue totalmente idílico y lo recuerdo con mucho cariño. De hecho, como viaje en sí, lo incluiría dentro de los cinco mejores viajes que he hecho en mi vida. Ya sabéis lo que dice la leyenda: si tiras la moneda a la Fontana di Trevi, volverás a Roma. Y, aunque era el último sitio del mundo al que habría vuelto después de mi primera experiencia allí, y si en ese momento me hubieran dicho que iba a volver no me lo habría creído, de alguna forma tenía que reconciliarme con esa ciudad, y así lo hice, casi tres años después. Y es que ya conocéis ese dicho de “tiran más dos tetas…” Bueno, el personaje al que iba a ver no tenía un par de tetas, pero creo que habéis entendido la idea. Entonces, si tan perfecto fue este viaje, ¿por qué lo incluyo dentro de mis historias de “pagafantas” femenina? Porque además en este caso estaba perfectamente claro que no era yo la que moría por sus huesos, sino que era algo totalmente correspondido. Pues la verdad es que sigo sin saber bien por qué, pero a las pocas semanas de volver de Roma, y de haber hecho incluso planes para este verano (que obviamente nunca se llevarán a cabo), empezó a desaparecer paulatinamente del mapa, dejando de entrar en messenger y facebook y respondiendo cada vez con menos frecuencia a mis sms, hasta que llegó un día que ya no me respondió más. Nunca me dio ninguna explicación coherente de su comportamiento, y ya hace tiempo que perdí la esperanza de llegar a tenerla algún día .

Pero bueno, volviendo al tema que nos ocupaba (sigo necesitando desahogarme acerca de esa historia que acabo de contar), si se me ha ocurrido contar esto precisamente hoy, ha sido porque al buscar a contactos en badoo, me ha aparecido uno de estos chicos, con el cual corté el contacto voluntariamente hace tres años, y tengo que admitir que me he quedado babeando al ver sus fotos, obviamente tomadas por un fotógrafo profesional, pero la mayor parte del mérito se lo atribuyo al modelo. Es de estas cosas que te hacen pensar “¿por qué sería tan tonta y dejaría pasar a este chico?”, y a las cuales inmediatamente me respondo “ah, no espera, si el capullo que no me supo valorar fue él”.

Si me pongo a hacer cuentas, hace ya casi ocho años que conozco a este chico. Cómo no, lo conocí en un canal del mítico irc (tengo que decir a mi favor que al tercer chico no lo he conocido por internet) de uno de mis grupos favoritos, y congeniamos enseguida, pero curiosamente las conversaciones nunca derivaban en intentos de ligoteo o similar. A lo sumo, él me decía a veces que le gustaba alguna de mis fotos, y me hablaba de sus intentos frustrados de ligar con chicas por donde él salía. Digamos que, por aquellos años, él era un pardillo friki que no llamaba excesivamente la atención físicamente y no lo arreglaba con lo que decía cuando se acercaba a hablar con alguna chica. Mantuvimos el contacto durante nuestros primeros años de universidad (tiene la misma edad que yo), años durante los cuales yo llegué a caer bastante bajo, y si no recuerdo mal, él tampoco estaba para tirar cohetes. Durante esos años él vivía en su ciudad natal (Vigo) y yo en la mía (Alicante), y nunca llegamos a conocernos en persona, a pesar de que curiosamente mi padre iba de vez en cuando por allí a hacer de juez de regatas. Hasta que llegó al hecho que nos cambió la vida a los dos, en paralelo: nos concedieron sendas becas erasmus, él se iba a Roma y yo a Newcastle, durante diez largos meses. También es curioso que por esa misma época, los dos tuvimos sendos cambios de look que nos llevaron a empezar a triunfar más (bueno, tampoco es complicado triunfar cuando estás de erasmus, como la mayoría sabréis). Y la verdad es que tras su cambio de look, este chico empezó a resultarme algo más que simpático. Pues bien, no os podéis imaginar mi emoción cuando un día, de buenas a primeras, me dice que iba a venir a Inglaterra unos días con su compañero de piso de Roma, y que si se podían quedar una noche en mi casa ya que el avión llegaba a Newcastle, precisamente. Por fin iba a ver en persona a mi amigo friki con el que llevaba chateando ya durante cuatro largos años. En total pasamos juntos un par de tardes largas, una de ellas con más gente. Yo era la friki oficial de Newcastle, y tanto a mis amigas como a su amigo les llamó la atención conocer a alguien que era igual de friki o más que yo, aunque a él con eso de que empezaba a tener bastante éxito entre las féminas, le molestaba que le llamaran friki. Tanto mis amigas como su amigo no hacían más que decirnos que éramos tal para cual (nos tirábamos largos ratos hablando de pelis o de música que nos gustaban a los dos, música y pelis que ellos consideraban “frikis”, o se ve que hablar de algo que no sea tu rollo de la noche anterior era considerado algo friki). La segunda tarde que nos vimos la pasamos solos, y la recuerdo con especial cariño porque además fue la primera vez que nevó en Newcastle estando yo allí, y fue el tema de conversación del día en todos los círculos, y también era la primera vez que tanto mi amigo como yo veíamos nevar. Fue un día lleno de anécdotas, que me dejó atontada durante bastantes semanas, aunque no me voy a extender más en el tema. Lo único que diré es que durante aquella tarde que pasamos juntos, me dio la sensación de que saltaban chispas entre nosotros. Nunca antes había sentido eso estando con un chico: alguien con quien llevas cuatro años hablando y mantienes el contacto a pesar de los momentos bajos, con quien tienes tanto en común y que además me atraía muchísimo físicamente. Con lo cual, compré los billetes para ir a verlo a Roma unos meses más tarde. Y aquí es cuando enlazo con lo que conté antes. Si mi segundo viaje lo meto dentro de mis mejores cinco viajes, este lo incluyo dentro de los cinco peores. Tampoco entraré en detalles sobre esto, tan sólo diré que desde que estuve allí empezó a darme la sensación de que al tipo le molestaba hablar conmigo, hasta que llegó un momento en que estallé y le pregunté si le caía mal, a lo cual me respondió “sí, a veces sí”. Y esa fue la última vez que hablé con él. Miento, un par de meses después de eso, cuando ya se me había bajado un poco el enfado, tuve la ocurrencia de decirle abiertamente (por msn, claro) que me había gustado, sólo por la cosa de desahogarme y ver qué me decía. Pues bien, me dijo que le gustaba hablar conmigo de cosas frikis y tal, pero que eso no quería decir que sintiera química por mí… De esto hace tres años, durante los cuales nunca he hablado con él, pero le he seguido más o menos la pista a través de amigos comunes y redes sociales, hasta el día de hoy, en que he visto sus fotos por badoo y me han vuelto todos estos recuerdos a la mente. No tiene novia, y que yo sepa nunca ha tenido ninguna relación larga. De aquí que cada uno saque sus propias conclusiones… También tengo que decir que esa ha sido la única vez que me he declarado abiertamente a alguien, si se le puede llamar así, ya que no lo hice con la intención de conseguir nada con él.

Puedo decir que estos tres “chicos” han sido de los pocos que han llegado a gustarme realmente en mi vida, y como veis, con sus diferencias, los tres casos tienen ciertas similitudes. He dado mucho por esas personas, me he dejado bastante pasta por verlos, y eso es algo que no me molestaría si la persona me corresponde. Pero como los tres han resultado ser unos capullos, he acabado bastante quemada. Queda claro que no soy una persona que se enamore fácilmente. Pero, aunque estas historias son responsables de gran parte de mi frustración en las relaciones, no son las únicas, pero esas las iré contando bajo otros epígrafes.

En resumen, si tengo que extraer alguna conclusión que os pueda ser útil, os diré que no he dejado de creer en el amor, y sé que tarde o temprano me volveré a enamorar de forma parecida a como lo hice con estos tipos, y que si viven lejos seguramente en algún momento haga algún viaje para ir a verlos, y tenga detalles de “pagafantas femenina” con ellos, y que no me arrepentiré del dinero y el tiempo empleado. Solamente llevaré más cuidado y antes de hacer algo así, me aseguraré de que la persona en cuestión merezca la pena. De hecho, con el último de los tres ya llevé bastante cuidado y, a pesar de lo que me ha hecho, sigo pensando que estábamos hechos el uno para el otro. Si luego por circunstancias de la vida, o porque al tío se le cruza algún cable, la historia no llega a buen término, al menos no podré sentirme culpable por no haber hecho todo lo que pude para que saliera adelante...

1 comentario:

  1. En una sociedad patriarcal, dada la hipergamia femenina, es decir, la alta seleccion de macho por parte de la hembra y que el macho tenga una posicion de proteccion...es mas abundante el pagafantas....el amigo que hace de protector sin ser pareja, da proteccion gratis.....la queja es que el trueque solo tiene una direccion, por tanto no es una funcion biyectiva, no hay inyectividad, ni exahustividad...claro que las hembras tambien juegan ese papel, pero siempre hacia la minoria de los machos, del escalafon hipergamico.

    Un abrazo.

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